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#50yTICo y lo que queda

Definitivamente no estamos muy bien. No tenemos remedio ni escarmiento. Mira que con la edad que tenemos querer juntarnos para ver el paisaje después (o durante) la batalla. Nada, será que nos gusta. Así que algunas y algunos valientes nos han convocado a la Jornada #50yTICo, a un “encuentro del que seguro que saldrán unas conclusiones muy válidas surgidas de una experiencia profesional y casi vital de unos docentes totalmente analógicos y que de pronto nos cayó la tecnología encima y no dudamos en llevarla a las aulas porque estábamos y estamos convencidos de que podrían cambiar la escuela. Se trata de docentes de todas las etapas y niveles educativos desde la Educación Infantil hasta la Universidad y desde todos las Comunidades Autónomas del Estado”. También, en otro afán por recordarnos la edad que tenemos, se ha lanzado la iniciativa de #dondeEstabasEntonces.

Y, por eso, quiero explicar por qué estoy por aquí…aparte de por la edad, claro. 

Lo primero que quiero aclarar es que la expresión TIC dejó de gustarme hace tiempo, desde que se usa para definir algo que ya no existe, porque hablar hoy de TIC en mi opinión supone no haber entendido nada de lo que ha pasado en el mundo desde, al menos, 2010, si no antes. Y no digo nada de cómo me pongo cuando alguien menciona las “nuevas tecnologías”. A mi me gusta hablar más de mundo digital, creo que define mejor lo que tenemos, lo que disfrutamos y lo queremos y hemos querido siempre defender como la mejor forma de aprender en el mundo actual. Aunque me identifico de manera muy clara con el hashtag del encuentro. Las TIC nos unieron y el mundo digital nos ha hecho amigos y miembros del claustro virtual. Y lo que queda.

Yo empecé en esta bendita locura recién terminada la carrera, en 1986, con un ZX Spectrum que apenas usé y que queda en mi memoria más que nada como recuerdo y como el aldabonazo de salida de un mundo nuevo. Después pasé al AMSTRAD PCW que sí aproveché bien como máquina de escribir con monitor y con el que escribí mi primer libro de demografía sobre el pueblo de mi familia: Peñaflor. Más adelante, en 1990 ya compré mi primer sobremesa al que fundí con el WordPerfect para escribir el libro sobre Lebrija junto con mi primer portátil, un Zenith que compré en 1993 y que me llevaba al archivo parroquial y al municipal para recoger datos (nunca se me olvidará la cara de asombro tanto del cura D. Antonio como de María, la archivera municipal cuando sacaba el “cacharro”). El paso definitivo a un PC tal como lo entendemos más o menos ahora ya lo dí en 1996 y lo tuve hasta 2008, aunque ya utilizaba otro portátil en casa y en el centro desde 2004. Y de ahí a un miniportátil en 2010 y un iPad en 2015.

Lo anterior es mi trayectoria de cacharreo que vislumbra un poco mi evolución digital: de las TIC como sustitutivo de lo analógico (máquina de escribir, fichas de recogida de datos, etc.) a las TAC para aprender y compartir en red y las TEP cuando creo, participo o promuevo iniciativas, eventos, proyectos, etc.

En cuanto al aula, la verdad es que no usaba mucha tecnología: vídeos, algunas transparencias (pocas, nunca me gustaron mucho) o el uso del aula de informática del centro. Hasta 2005, en el que conseguimos ser centro digital (DIG) con dotación de ordenadores con cinco aulas fijas y nueve carritos de portátiles (TIC) y hubo más posibilidades,  de tal forma que he sido de los pocos docentes del centro que utilizaba la dotación, sobre todo de portátiles en los primeros años y una de las aulas fijas que quedaron a partir de 2011. Hasta aquí la historia. Pasemos a la reflexión sobre estas batallitas (¿de abuelo?).

Desde la perspectiva del aula, del aprendizaje, la conclusión más dura es comprobar cómo, todavía hoy, existen reticencias de muchos docentes a utilizar lo digital en el aula. Es una pena que no se vea como algo natural, algo que va unido al proceso, porque ya ocurre fuera y en la Escuela no. Y culpables somos todos, pero, fundamentalmente, la administración por no dotar o hacerlo a destiempo y por no crear las condiciones adecuadas para el uso normalizado del aprendizaje digital, y los docentes por no formarnos para ello ni, en muchos casos, entender la relevancia de la competencia digital tanto para docentes como para alumnos. Sí, es cierto, se han hecho muchos esfuerzos, y yo, como muchos de los #50yTICo, hemos participado en formaciones y en proyectos que han intentado extender esa visión y que la administración ha hecho esfuerzos por lo mismo, pero, tanto unos como otros considero que han sido, primero, aislados y poco sistemáticos y, por lo tanto, en segundo lugar, poco efectivos (y a las pruebas me remito). Sobre este tema, siempre cuento una anécdota de una alumna de 2º de bachillerato que había repetido en secundaria y en el propio bachillerato, es decir, llevaba ocho años en el centro y cuando entró conmigo en el aula de informática al inicio del curso 2014-2015 me dijo: “maestro, es la primera vez que entro en el aula y que cojo un portátil”. Es muy cierto, afortunadamente, que todo esto ha cambiado, que los dispositivos móviles han transformado y siguen transformando las formas de aprendizaje y el uso digital y que ya no dependemos tanto de un aparato como de una buena conexión que no hemos tenido hasta hace poco. Por eso, ahora el reto es la digitalización de la comunidad escolar, tal como se ha empezado este curso en Andalucía con el Programa de Digitalización Escolar (PRODIG) para hacer competentes digitalmente a los centros docentes y por extensión a los miembros de su comunidad. Es difícil, después de lo vivido y experimentado, hacer propuestas porque todo pasa por no distinguir lo digital, las TIC, del resto del proceso porque mientras las TIC, lo digital, sea algo añadido, anecdótico o cosmético y no un eje básico del aprendizaje (porque así lo es en la sociedad que nos rodea) no habrá nada que hacer. Al menos diferente, sistemático y efectivo. Para mí, no hay vuelta atrás. Soltamos amarras hace mucho tiempo como para echar ahora el ancla, así que seguimos “navegando”.

Y termino con lo personal. Desde 2007 con la confluencia de dos “novedades” como las TIC y las competencias, entonces básicas, comprendí que estos dos eran los ejes que deberían conformar la formación fundamental de nuestro alumnado y me lancé tanto como director como docente en una lucha constante por hacer comprender esto. Desafortunadamente, y posiblemente por mi culpa, eso no cuajó demasiado (aun a día de hoy sigo siendo de los pocos, casi único, que utiliza los dispositivos y, como dicen algunos todavía, “eso de las TIC” en mi centro). Pero, afortunadamente ese mismo mundo digital me abrió otros caminos a través de las redes sociales y profesionales y de los diferentes encuentros como EABE, los open, Aulablog, EspiralBase, CITA, Novadors, etc. Caminos que me han enriquecido mucho profesionalmente, pero, sobre todo, y sin punto de comparación, personalmente. Y es que conocer a tantísima buena gente no puede ser sano.

El día 21 de septiembre lo seguiré comprobando.

AUTOR

Manuel Jesús Fernández

Todos los relatos por: Manuel Jesús Fernández

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