cuerda

Fraude educativo

Estaba desayunando. Puse la radio y, de pronto, orejas tiesas. En Radio Nacional estaban hablando del problema del examen de Matemáticas II de la Comunidad Valenciana y comentaba una alumna que como esa parte casi nunca caía en selectividad (sí, ya sé que parece que se llama de otra manera, pero todo el mundo sabe de que hablamos cuando decimos eso y casi nadie sabe qué demonios significa EBAU, o EVAU o PEVAU) pues que no la habían dado. Primer torpedo a la línea de flotación de la prueba.

Seguidamente, un representante de la Universidad comentó que esta institución demandaba jóvenes bien preparados y con conocimientos que le den madurez y que 2º de bachillerato no puede dedicarse a practicar para aprobar la selectividad. Es decir, jóvenes con una formación completa, autónomos, críticos y reflexivos y que sepan enfrentarse a los problemas de la vida (no sólo a los de Matemáticas II, sean difíciles o fáciles. Esto del paréntesis lo añado yo). Segundo torpedo a la línea de flotación de la prueba.

Pincha en la imagen para acceder al podcast (especialmente desde el minuto 2:05)

B6DD98DE-1F52-40B1-AA94-A74716C12CDD

Como podréis comprender, se produjo en mi mente un cortocircuito bastante importante que me llevó a pensar y reflexionar,  de nuevo, sobre el modelo y su desarrollo en el aula. Sobre las paradojas e incoherencias que se desprendían de lo que había escuchado. Y estando en esto, hoy sale en la prensa (en Público) un artículo sobre el tema donde volvemos a encontrar, independientemente del problema “político” (creo que falso, impostado y oportunista) de si tendría que ser una única prueba nacional o seguir con el modelo autonómico, un nuevo torpedo, y de los gordos, a la línea de flotación de la prueba en la opinión de una alumna, Olivia: : “Es una pena cómo está planteado 2º de Bachillerato. Todo se enfoca a la EvAU, y lo que se hace es aprender de memoria un temario, nadie se cuestiona nada, sino que memorizan los apuntes y si le haces una pregunta un poco fuera de lo estipulado no saben qué contestar. Te aseguro que tal y como lo memorizamos, se olvida en pocos días”. Y, finalmente, también destacaría de ese artículo la complacencia y el conformismo de las palabras de la catedrática Cristina Rueda: “Por supuesto que es un sin sentido que se dedique un año a un examen antes que aprender con mejores criterios, pero si te digo la verdad, la prueba está ahí. No tenemos una formula mejor para acceder a la universidad, hay que pasarla”. 

O sea, que tenemos:
  • Que 2º de bachillerato se dedica a dar en clase lo que normalmente “cae” en selectividad.
  • Que 2º de bachillerato se dedica a practicar y preparar la prueba de acceso. A ejercitar al autómata, perdón alumno, para aprobarla y/o sacar buena nota. El objetivo es pasar la prueba, no aprender.
  • Que 2º de bachillerato se dedica a un aprendizaje bulímico en honor a la sacrosanta prueba.
  • Que parece que no hay alternativa. Que tenemos que tragar. Que parece que no hay más remedio que seguir con el modelo aunque sea un “sin sentido”.

Pues bien, desde aquí quiero denunciar dos cosas. La primera es la grave contradicción e incoherencia de nuestro sistema educativo en este aspecto (bueno, más bien, también en este aspecto) de la prueba de acceso. Como hemos oído, la universidad requiere y demanda alumnos competentes y el sistema, paradójicamente con la excusa de esa misma prueba, lo que va formando a lo largo de sus diferentes etapas es una especie de ejército de autómatas preparados para saltar el obstáculo. Que no lo pongan algo más alto, ni más bajo, ni lo cambien de calle o de prueba, porque el ejército no sabrá enfrentarse a ello. ¿Hasta cuándo aguantaremos este fraude?

La segunda es la complacencia con esta grave contradicción y la incapacidad (¿interesada?) de adaptación a los nuevos tipos de aprendizaje que anula cualquier intento de establecer nuevas fórmulas para el acceso a la universidad. El modelo, por mucho que lo mantengamos (más vale malo conocido que bueno por conocer) y digamos maravillas de que garantiza tal o cual cosa, ha fracasado. Y ha fracasado porque no se ha adaptado a los nuevos tipos de aprendizaje ni a las demandas de la sociedad digital. Y mientras más tiempo pasa, más goteras le salen y más parches le querrán poner. No interesa cambiar y punto. Es más cómodo hacer exámenes generalmente memorísticos y basados en los contenidos que quebrase la cabeza a ver de qué forma podemos valorar las competencias del alumnado para acceder a la universidad, pero, sobre todo, para que aprendan y estén, vayan o no a la universidad, bien formados. Es más fácil seguir el camino trillado que abrir nuevos vías y es más sencillo tener al alumnado agobiado que hacerles pensar. Se mantiene en el tiempo un modelo basado en una gran contradicción que provoca que todo el sistema educativo gire sobre un auténtico fraude que lo condiciona todo (creo que os sonarán, como ejemplo de lo que afirmo, comentarios como “ah, pero es que luego tienen la selectividad”) y que se organiza alrededor de la preparación de una prueba que resulta que no sirve para el objetivo con la que se creó y mantiene un engaño estructural para familias, alumnos y profesores.

Porque hay alternativas a la prueba, alguna muy sencilla como la media del bachillerato porque con la selectividad pasa como con la economía, que se hace cada vez menos sostenible y deberíamos plantearnos un modelo distinto al de crecimiento continuo (la inflación de la nota) como podría ser el del decrecimiento, valorando la educación lenta, no competitiva, colaborativa…sostenible.

Otra alternativa es el Trabajo Fin de Bachillerato (TFB) que  ya he defendido y que seguiré defendiendo porque me parece la mejor alternativa, y también mucho más difícil de implementar, si lo que queremos en formar alumnos competentes que apliquen sus conocimientos y su madurez en sus profesiones y en sus vidas. Pero no un trabajo teórico de muchas páginas, carne del copia y pega, sino un trabajo de investigación de aplicación práctica o de aprendizaje-servicio y que se tuviera que defender ante un tribunal.

Aunque me temo que esto cambiará poco. O nada. ¿Hasta cuándo?

Lo único cierto que esta semana próxima empiezan las pruebas en Andalucía. Suerte a todas y a todos y, especialmente, a los alumn@s con los que he compartido aprendizajes este curso en #HistoriaEspañaFlipped.

AUTOR

Manuel Jesús Fernández

Todos los relatos por: Manuel Jesús Fernández
6 comentarios
  • Nacho
    RESPONDER

    Buen artículo. Estoy completamente de acuerdo contigo. Es una pena cómo se plantea la educación hoy en día, a cualquier nivel porque todos tienen lo suyo: 3º y 6º de primaria se basan en los informes PISA y hacen lo mismo.

  • Esteban
    RESPONDER

    Interesante artículo. Desgraciadamente la necesidad de formar a los ciudadanos, con el pefil que demanda la sociedad, no es posible aún. La gran revolución ha comenzado, de manera muy débil, desde abajo (Ed. Infantil y Primaria). A la universidad tardará más de una década en llegar. Pero hay una forma de acelerar la máquina, y es entendiendo la educación como un proceso constante de enriquecimiento cultural, no una herramienta para alcanzar un objetivo concreto; y esto debe calar en las cabezas de los docentes. Si nuestros alumnos aprenden sólo para aprobar, no avanzaremos nunca.

  • RFC
    RESPONDER

    Muy buen artículo, siento que el conocimiento por gusto ya esta desapareciendo, aparte que las universidades pequeñas o en zonas que no son grandes ciudades solo ofrecen formación académica para cubrir puestos de trabajo, lo que deja a los alumnos con pocas opciones.

    La verdad soy de los que piensa que el sistema educativo actual ya necesita una buena actualizada un tipo revolución tecnológica, porque siento que la evolución de la humanidad se esta quedando estancada en este aspecto.

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.